Santa Sofía de Constantinopla

22 enero 2016

Al Noroeste de Turquía, situada a orillas del Bósforo se encuentra la ciudad de Estambul. Es la única ciudad del mundo que puede presumir de pertenecer a dos continentes distintos, Europa y Asia. Eso ya le confiere un interés especial, ¿no creéis? 15 millones de habitantes no pueden estar equivocados.

Contraste, magia y caos son tres palabras que vienen a la mente de cualquier viajero que ha tenido la oportunidad de viajar a Estambul. La ciudad fue capital de tres imperios: romano, bizantino y otomano, de manera que el legado que dejaron estas tres culturas convive en armónica presencia. Y precisamente de uno de estos legados queremos hablar hoy. Tanto si eres un amante del arte y de su historia, como si no, te recomendamos que si tienes pensado visitar esta maravillosa ciudad, guardes unas horas (entre 2 y 4 serán suficientes para verlo todo con calma) para visitar una de las obras de arte más majestuosas del mundo.

Templo católico desde la edad de Oro de Bizancio, Santa Sofía de Constantinopla es hoy una obra de arte aclimatada como museo. En el año 532 el emperador Justiniano ordenó reconstruir la iglesia que años atrás se había incendiado y construido en dos ocasiones, con el objetivo de convertirla en basílica. De ello se encargaron Antemio de Tralles como autor teórico del proyecto, y el arquitecto de tradición griega Isidoro de Mileto. Ambos profesionales quisieron que la construcción fuera ostentosa, que reflejara la magnificencia del emperador y de sus dominios, puesto que el palacio de éste se encontraba situado a pocos metros.

Puesto que como hemos comentado anteriormente, Estambul goza de una multiculturalidad en todos los aspectos, el arte no podía ser menos y de esta manera nació una basílica que aunaba todos los estilos con los que la ciudad estuvo en contacto. Arquitectura siria, persa, mesopotámica; tradiciones de construcción griegas, romanas, paleocristianas; y elementos añadidos de la cultura tan presente en el lugar musulmana.

En 1453 la ciudad fue tomada por el imperio Turco y en consecuencia la basílica fue convertida en mezquita. No fue un simple cambio de denominación, si no que la transformación fue notoria y casi estructural. Se añadieron cuatro minaretes, se colocaron elementos circulares en todas las esquinas interiores, se reorientó ( hecho que afectó posteriormente al eje longitudinal de la planta del edificio ) y además, puesto que el código islámico prohíbe la representación de la deidad en figuras, se taparon todos los frescos cristianos con yeso. Lo que se llama vulgarmente, quita que ahora me toca a mí.

Con todos estos cambios Santa Sofía seguía manteniendo su belleza, ahora más recargada y con un cierto eclecticismo, pero seguía siendo bella. No fue hasta 1935 que se convirtió en museo nacional, hecho que podemos agradecer puesto que así es posible visitar incluso los espectaculares mausoleos de los que la iglesia hace gala.

Información práctica:

  • Situada en la Plaza de Santa Sofía, Estambul.

  • Horario: de martes a domingo, de 9h a 16:30h.

  • La entrada es gratuita el primer lunes de cada mes.

  • Estación de tranvía: Sultanahmet, línea T1.